Starbucks fija el precio de sus productos y el costo de sus alquileres

Starbucks no deja de sorprender. El contexto que lo recibe en su desembarco a la Argentina es, como mínimo, complejo. La crisis global y la posibilidad de una recesión severa asustan hasta los más optimistas. Adicionalmente, el proceso inflacionario que vive la economía preocupa a un negocio que no es sólo de café, sino que también es inmobiliario. Y como si fuera poco, al índice oficial de inflación sólo le cree el Gobierno. La flamante filial local, de la mano de Diego Paolini, se las ingenió para ajustar sus costos con un índice made by Starbucks.

El ideal de todo negocio es tener control no sólo de los precios, pero también de los costos. La segunda variable siempre fue consecuencia de una negociación, pero además en la Argentina actual muchas industrias perdieron el poder sobre la fijación de los valores de venta de sus propios productos (congelamiento de precios). Starbucks, que no es alcanzado aún por este control, estableció un novedoso sistema para actualizar el pago de sus alquileres: contratos a diez años cuyo costo se actualizará sólo si Starbucks sube el precio de sus productos. Es decir, el inquilino fijó una canasta básica de sus propios productos y en la medida que aumente sus precios, también lo hará, en la misma proporción, el pago de alquiler por sus locales. Justo, lógico y win-win, ¿no?

Insisto: la crisis agudiza la creatividad. Incluso, en la fijación de precios y costos. ¿No sería ideal para su negocio saber que por los siguientes diez años uno de sus principales costos tendrá obligatoriamente el mismo comportamiento que el de sus precios?

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